lunes, 29 de diciembre de 2025

Los tebeos de "Gente Menuda"

Hurgar en el pasado familiar tiene un aroma muy concreto: el del papel de periódico que empieza a amarillear. Recuerdo perfectamente cómo, de pequeño, me sumergía en las pilas de diarios ABC que mi padre había ido atesorando con mimo desde antes de que yo naciera. No buscaba noticias de política ni crónicas de sociedad; buscaba el tesoro que se escondía entre sus páginas: el suplemento de Gente Menuda.

Aquellas revistas a grapas no eran solo papel; eran portales. Fue allí, entre esas hojas finas y ese olor a tinta antigua, donde descubrí por primera vez a los agentes más desastrosos de la T.I.A.: Mortadelo y Filemón. Sus disfraces y porrazos me abrieron las puertas a un humor que no conocía.



Un universo entre las manos

Lo maravilloso de Gente Menuda era su eclecticismo. Dependiendo del número que rescatara del montón, podía encontrarme con realidades completamente distintas:

  • Tintín: Lo curioso es que lo descubrí en inglés, una ventana extraña y fascinante a otro idioma mientras seguía las aventuras del joven reportero por el mundo aunque no entendiera esa lengua.
  • Zipi y Zape: Las travesuras eternas de los gemelos de Escobar, que siempre terminaban en el cuarto de los ratones.
  • Super López: Esa parodia costumbrista del superhéroe que me enseñó que se podía ser un héroe y un "currante" al mismo tiempo.
  • El Capitán Trueno: El eco de las grandes aventuras de caballería, con su sentido del honor y sus viajes épicos.
  • Spiderman: El toque de modernidad y acción que nos conectaba con el cómic americano.

Era una educación sentimental en toda regla, servida en entregas semanales.



La pérdida de lo tangible

Sin darnos cuenta, y con la caída de los tebeos serializados por las editoriales y la desaparición de estos suplementos en los periódicos, hemos perdido mucho. Estamos siendo testigos de la casi disolución de la lectura en físico, de ese ritual de pasar la página con cuidado para no rasgar la grapa, de la espera impaciente por el próximo número.

Hoy, la inmediatez de las pantallas lo devora todo. Me pregunto con cierta melancolía: ¿Qué niño leería hoy día este tipo de grapas? En un mundo de scroll infinito y vídeos de quince segundos, el sosiego de sentarse en el suelo a leer una historieta parece un acto de resistencia.

Al mirar esos viejos ejemplares de mi padre, me doy cuenta de que no solo guardaba papel; guardaba una forma de entender el ocio y la cultura. Hemos perdido tanto... que a veces temo que hayamos olvidado cómo se siente la magia de un tebeo entre las manos.


Mi colección rescatada de aquellos periódicos, unos 100 ejemplares.


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